Siempre recordaré aquella tarde,
donde pude ver la simpleza de su persona,
la dulzura de su voz, donde perdí el miedo por segundos,
y hablarle fue casi mágico,
aquellos gestos que fueron poco a poco atrapandome, su perfección divina,
su risa, su aroma único que desde mil kilómetros era distinguible,
mi admiración fue creciendo, al igual que mi amor,
nunca podré olvidar aquella tarde, tan sólo si supieras cuanto te he pensado,
tal vez saldrías corriendo, y perderte no sería posible, pues...
no te tengo, sólo en mi mente, sólo en mis sueños, tan sólo un momento.

No hay comentarios:
Publicar un comentario